25/2/09


Somos los artífices de nuestro destino y por la misma razón somos directos responsables de lo que nos pasa; porque somos nosotros mismos los que preparamos el camino y los que sembramos las semillas del triunfo o del fracaso. Si en ocasiones nos desconcertamos y preguntamos qué hemos hecho para merecer una vida que no nos satisface, pongámonos la mano en el corazón y pensemos responsablemente acerca de aquellos momentos en los cuales nos faltó el valor para tomar decisiones acertadas, para rechazar lo que no nos convenía, o para evitar situaciones que podrían perjudicarnos en el futuro.
Dejemos de pensar en la buena o en la mala suerte. Eso no existe, porque somos nosotros los que sembramos la semilla de nuestras buenas o malas acciones.
La vida es justa. Ella sólo nos brinda lo que realmente merecemos. En ocasiones llegamos a ser demasiado complacientes y permitimos que los demás pasen por encima de nuestros más elementales derechos. Otras veces nos falta el coraje para decir "NO" cuando es nuestra obligación pronunciar esa palabra, para evitarnos futuros males. Pecamos por descuido, por ignorancia o por omisión y luego sufrimos las consecuencias de nuestros actos.